Contratar personas con discapacidad, diversidad que enriquece.

En mi búsqueda de trabajo, llegué a las instalaciones de una empresa en Bogotá, dedicada a desarrollar productos tecnológicos de automatización y seguridad electrónica de parqueaderos.

Toqué el timbre y la puerta se abrió rápidamente. Frente a mí, una mujer de enorme sonrisa y radiante aureola, con sus brazos me invitó a seguir. – “Buenos días, vengo a encontrarme con el Sr. Pedro Camargo, tengo cita con él a las…”-, le decía yo, pero antes de terminar mi presentación, la entrañable mujer me señaló con sus manos que no podía escucharme, pero que por favor esperara un momento en la sala mientras validaba el ingreso.

Me senté mientras llenaba una planilla de registro. A los diez minutos, estaba yo conversando en la oficina del gerente de la empresa CI24 Controles Inteligentes.

Las mismas preguntas que Ud. se está haciendo me las planteé yo: ¿cómo puede ella saber que están timbrando la puerta, o sonando el teléfono? cómo comprende y transmite un mensaje?, pero en síntesis la duda era: ¿será que una persona “discapacitada” si es apta para trabajar “normalmente” como nosotros?. Es un prejuicio nuestro sobre las personas minusválidas? …o, como escuché por primera vez, se trata de personas “con diversidad funcional”?

Gloria Aleida vive con sus padres y es sordomuda de nacimiento. Todos los días se despierta a las 5:00 am. Viste el uniforme de CI24 como el resto de sus compañeros, pero con esmerada pulcritud. A las 7:00 am aguarda atenta en la recepción la llegada de visitantes a la compañía, a quienes, como a mí, acoge gentilmente e inscribe en la planilla.

Con respecto al timbre, noté después que, además de sonar, alumbra, por medio de un bombillo azul en la esquina superior izquierda de la puerta. Esa es la señal para Gloria, lo que la obliga a estar muy alerta durante su jornada en el despacho.

Hasta aquí, puede resultar todo muy cándido, pero Gloria no sólo hace eso.

Su computador cuenta con un completo sistema de cámaras de última tecnología con el que ella registra el ingreso y salida vehicular dentro de los parqueaderos en los que CI24 dispone de productos. Claramente, el timbre era lo de menos.

Ante mi evidente interés en el tema, Angie Gómez, asistente administrativa, me quiso enseñar algo más. Mientras dábamos un paseo por la planta de producción y me relacionaba con el equipo, insistía en que los trabajadores con diversidad funcional tienen mayor sentido de pertenencia por la  compañía, son más puntuales y muestran un buen rendimiento laboral. ¿”Los”trabajadores? ¿Acaso no era Gloria la única “especial” allí?

¿Cómo así “los” trabajadores! Frente al moderno desfile tecnológico era normal impresionarse con tantas máquinas de acero robustas, todo en medio de un orgánico tráfico industrial. Pero algo me robó la atención instantáneamente.

Sentado frente a un largo escritorio, cubierto entero de material electrónico distribuido simétricamente en empaques de plástico y cartón, estaba un hombre de aproximadamente cincuenta años. En sus manos, con tremenda pericia manipulaba un destornillador y dos cables interactuando en perfecta precisión sobre una pieza chiquitica de bombillos azules, y en sus ojos, la mirada fija tras los lentes oscuros!

– “Rubencito, buen día. Te presento a Giovanni, un amigo de la empresa. Él quiere conocer un poco de tu trabajo, entonces para que le vayas contando mientras le haces ahí tranquilito” –  Le dijo Angie con apretón de hombros.

¿Cómo resumirlo? En Rubén y su afable acento valluno asomaban términos técnicos totalmente ajenos a mí. Yo simplemente contemplaba hechizado su mágica destreza.

– “Dos años tardé yo en despertar del agobio después del accidente en el que perdí la vista” – me contaba días después Rubén Darío Valbuena. – “Hoy soy además Director de Responsabilidad Social de la empresa y conferencista motivacional en empresas, colegios y universidades” –.

– “Además, en los cuatro años que lleva Rubencito en la empresa no ha llegado tarde ni una sola vez” – agregó con orgullo Carolina, su colega de planta y compañera leal cada tarde en su camino a Transmilenio. Don Rubén también me compartió un libro de poesía que escribió hace tres años llamado “Una Mirada Sin Ojos”, y que en su portada manifiesta: “En oscuridad aprendí a luchar, porque ser soldado es mi naturaleza, para poder transformar en victoria la tristeza”. Pensativo, en absoluto silencio me imaginé cómo sería mi vida en su lugar. El mismo silencio de toda su vida de Efrén Gordillo, un tercer trabajador de CI24, sordomudo pero con la capacidad de estar siempre alegre, como el que más en la empresa!

 

Efrén da la impresión de estar en todas partes a la vez. En la planta de producción es un actor protagonista, nunca está quieto y saluda insistentemente con sonrisaabierta y dedo pulgar arriba.

 

En los minutos que estuve presente allí, lo conocí en todas sus versiones: Efrén transportando láminas en la grúa, Efrén ensamblando una consola, Efrén armando un monitor, Efrén ensamblando barreras, Efrén armando una pluma, Efrén, Efrén, Efrén. La verdad es que me transmitió mucha simpatía, pero no menos admiración. Tal grado de aptitud y colaboración no es que se vea siempre en  empresas con todos sus integrantes, “completicos y saniticos”.

 

El ímpetu que a ellos les sobra, muchas veces nos falta a nosotros, sin nunca pensar que cualquier día podríamos vivir la misma situación…!

 

A veces, el cuerpo sufre en silencio el peso gradual de las desdichas, para después con prisa “pasar factura”. Es éste el caso de Sigifredo Cruz.

 

Antes de empezar a recorrer la ciudad de arriba abajo con su mochila y su paraguas, “Don Sigi” se complace de, entre otras cosas, de hallar los suministros con mejor relación precio – calidad para la empresa. Casi todo lo hace a pie, porque no puede conducir. “Sigi”, de 58 años, sufre de espondilitis anquilosante, un tipo de artritis de la columna vertebral que le impide rotar la cabeza y la cintura. En la empresa todos lo quieren y se lo demuestran. Camina lento y encogido, a menudo se tropieza, pero asegura que el ejercicio le favorece más que la quietud.

 

“Yo soy ingeniero y hace mucho tenía una empresa de informática y era exitoso, pero con la apertura económica de 1992 todo se puso muy difícil y quebré. Lo perdí todo. Viví momentos de mucha angustia y estrés. Fue ahí cuando me enfermé. Cuando me diagnosticaron, ya no caminaba” – Recordaba con aire melancólico y pasmosa serenidad. –“hay que tomar las cosas con calma, porque el estrés lo enferma a uno muy feo”

 

Pero las cifras de empresas como esta son desalentadoras. El número de firmas que en Colombia contratan personas con discapacidad es menor al 10%. Una razón pueden ser las ideas equivocadas sobre rendimiento y productividad. Otra razón sería el desconocimiento acerca de programas gubernamentales en este sentido. De hecho, existen beneficios tributarios para empresas que cuenten con dicho personal.

 

Sin embargo, como me dijo ese día Alejandro Díaz, miembro del área comercial: “el potencial, la responsabilidad y el compromiso que tienen este tipo de personas, supera a veces el de empleados típicos, comunes. Se contagian a toda la organización valores como el respeto, la aceptación del otro tal como es, la inclusión y la no discriminación.”.

 

Aunque aún habrá quien llame a alguien “retrasado”, “subnormal” o “inválido”, términos despectivos y denigrantes, el nuevo concepto de diversidad funcional o diversidad neurológica propone que cualquier persona es apta, solo que la función (desplazarse, comunicarse) se realiza de manera diferente. CI24 Controles Inteligentes lo entendió muy bien, y la lección debe ser la misma para todas las empresas: la diversidad enriquece.

 

Empresas colombianas, tomemos este ejemplo y eliminemos de nuestras cabezas la concepción de que quienes tienen diversidad funcional son personas de segunda categoría! La diversidad enriquece. Estas personas son la mayor de las  ganancias para cualquier empresa si descubrimos más allá todas sus habilidades.

 

Esa tarde volví a casa diferente. En el lugar de los prejuicios, guardaba ahora la simpatía de Gloria, la sabiduría de Rubén, el esfuerzo de Efrén y la paz de “Don Sigi”. Mi paso por CI24 aquel día, abrió mis ojos y me enseñó a escuchar.

 

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